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Blanqueamiento dental
Olga Maricela Treviño
Sin embargo, el primer cepillo de dientes como tal, fue construido por un emperador chino en 1498. Se trataba de un palo de hueso, en el que se habían insertado cerdas de animal. El cepillo se popularizó en Europa en el siglo XVII, pero por su elevado coste, no estuvo al alcance general hasta el siglo XX. En 1969, el cepillo de dientes llegó al espacio de la mano del famoso astronauta Neil Armstrong, que utilizó un Oral-B Classic TM poco antes de pisar por primera vez la Luna. Los estudios sobre blanqueamiento dental comienzan a finales del siglo XIX. Por aquel entonces, se empleaban sustancias como el agua oxigenada o incluso la lejía para clarear los dientes. Estos estudios han ido evolucionando y hoy en día hay numerosas técnicas para el blanqueamiento dental, ya sea en casa o en el dentista. El color natural de los dientes varía en función de cada persona, pero no suele ser completamente blanco. De hecho, fluctúa entre los tonos perla y amarillentos. El esmalte dental es translúcido (es la parte exterior del diente, y forma el tejido más duro y mineralizado del cuerpo humano), y es la dentina (es la parte interior formada por un tejido más flexible y sensible, capaz de transmitir dolor) la que le aporta el color. ¿Por qué se amarillean los dientes? Las causas que pueden manchar y oscurecer nuestros dientes son múltiples. En ocasiones se trata de reacciones a determinados fármacos, como la tetraciclina (un antibiótico que se prescribe para dolencias como acné y neumonía), o debido a enfermedades como el sarampión o la tosferina, pero normalmente se oscurecen por el paso del tiempo y por el efecto de ciertos alimentos y bebidas, como colorantes alimentarios, refrescos, té, café, y sobre todo, por el tabaco. Para mantener los dientes blancos y sanos, es imprescindible tener unos buenos hábitos de limpieza dental: • Cepíllate los dientes después de cada comida • No te olvides de usar, sobre todo antes de acostarte, seda dental y un colutorio para eliminar completamente los restos de suciedad y las bacterias causantes de la placa y las manchas. • Acude al dentista al menos una vez al año, para revisión y limpieza. Cómo blanquear los dientes: Existen varias fórmulas para poder lucir unos dientes blancos y sin manchas. El más común es el dentífrico y cepillo blanqueador. Éstos actúan de forma mecánica (con cerdas especiales para retirar manchas del esmalte, por ejemplo las de tabaco) y a nivel químico, con fórmulas que eliminan este problema antiestético, respetando el diente. También existen en el mercado colutorios y chicles blanqueadores, que ayudan a eliminar las manchas y mantener durante más tiempo la blancura de nuestro esmalte. Un novedoso sistema de blanqueamiento dental, que en Estados Unidos goza de un gran éxito, son las llamadas “whitestrips”. Se trata de pequeñas bandas adhesivas que se aplican sobre los dientes durante un determinado tiempo al día (entre media y una hora) y que devuelven a los dientes su blancura original. Otra opción es ponerse en manos de un profesional, que nos aplicará un tratamiento a base de peróxido de carbamida o de peróxido de hidrógeno, que normalmente se activa con la luz. Es el tratamiento más eficaz, pero también el más abrasivo con los dientes. En algunos casos el dentista puede recomendar un tratamiento que se puede realizar en casa. Se trata de llevar un molde en los dientes durante la noche, en el que se introduce un producto blanqueador. Normalmente dura en torno a un par de semanas. Contraindicaciones: El blanqueamiento no está recomendado en los siguientes casos: Embarazadas, niños, y alérgicos al peróxido de carbamida.
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