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REGRESA CLICK AQUI “Gracias por haberme ayudado a tener una infancia tan feliz”.
Supongo que muchos periodistas o agentes literarios llegaron a sentir envidia de los 35.000 fanáticos que el domingo ingresaron a Corferias para obtener un autógrafo de su ídolo, su héroe, Roberto Gómez Bolaños, Chespirito. Qué importancia podían tener las largas colas, y las horas de espera si al final era posible expresarle toda la admiración y contarle algo que ya él debe saber de memoria, pero que igual recibe con alegría: “antes me reía yo, ahora se ríen mis hijos...crecimos contigo”. Cuentan que durante la rueda de prensa una corresponsal de la agencia de noticias AFP no pudo contener las ganas de llorar al intervenir. La entiendo, a mí me embargó un sentimiento similar el sábado en el Hotel Casa Medina donde se hospedaba junto a su esposa Florinda Meza. Cuando entré al salón en el que Chespirito acababa de terminar una entrevista con Telemundo alcancé a escuchar a un colega que se le acercó y le dijo: “Yo he estado con Bill Gates, Bill Clinton y otros personajes, pero nunca había sentido una emoción tan grande”.
Detrás de cada Súper Héroe... “En un matrimonio todo es de dos. El éxito es de dos y el fracaso también”, continuó Florinda quien en los últimos 15 años de grabaciones empezó a escribir con su marido. “Y lo más importante es que uno pueda divertirse con la pareja. Si no es así olvídalo…el sexo es algo apasionante, pero si después no tienen de qué platicar, es mejor dejarlo. Por otra parte nunca se debe querer ganar una discusión, alguien tiene que ceder y hay que saber cuando hacerlo y cuando mantenerse firme”, fueron las palabras con las que Florinda nos reveló el secreto de su feliz matrimonio. “¿Y qué hay de los celos?”, le pregunté, “porque siempre eras la pareja de otro, la Chimoltrufia estaba con el Botijas y doña Florinda estaba enamorada del profesor Jirafales”. Estos personajes eran interpretados por Edgar Vivar y Rubén Aguirre quienes conservan una gran amistad con la pareja. Pero aunque Florinda aclara que con ellos no había nada de celos dejó que fuera su esposo el que hablara del asunto: “Yo dirigía la novela Milagro y magia y ella tenía que darle un beso al galán. Me tocaba ver la escena por el monitor y yo sólo esperaba ese momento. ‘Nada más la besas cabrón, no te mandes’…es que ante todo somos seres humanos”. “Entonces ¿intuyes que sentí bonito?”, lo interrumpió Florinda bromeando. “¿Con aquellos?”, preguntó Chespirito riendo. ...Y cómo se llama El Chavo La nostalgia de quienes crecimos con ellos se refleja en las preguntas que todos hacíamos. Era como si tuviéramos una única y privilegiada oportunidad de que nos contara lo que muchos siempre quisimos saber. “¿Cómo se llamaba El Chavo?”, le pregunté. “Algún día te lo cuento”, me dijo, dejándome con la duda. Siguiente pregunta: “¿Qué tenía el doctor Chapatín en la bolsa?” Respuesta: “el doctor Chapatín tenía…” y dijo algo incomprensible. “¿Qué?”, volvía a preguntarle. “Ya te dije”, me respondió sonriendo, “para qué no oyes”. Y me quedé con las ganas. Un intento más: “El Chavo del 8 nunca terminó, ¿alguna vez se pensó en un final?” Respuesta: “Bueno, yo tenía uno pero mi hija mayor que es sicóloga me dijo que estaba loco. Yo pensaba que un camión lo arrollara por intentar salvar a otro niño que iba a cruzar la calle”. Hubo un grito colectivo que retumbó en el salón, y eso que éramos pocos. No puedo imaginar las protestas y la histeria que ese final hubiera generado. Cuando le hablé de esa respuesta a un amigo me dijo que de ser así hubiera provocado suicidios masivos. La nostalgia de Chespirito y Florinda también fue evidente cuando empezaron a hacer un viaje al pasado a través de las fotos de la autobiografía del comediante Sin querer queriendo. “¿Ven que sí era igualito a Jean Paul Belmondo”, reiteró ella. “¡Ah!, en esta foto debí haberme tapado las piernas flacas, si hasta cuando era doña Florinda se burlaban con lo de patas de gallina”… “Y en esta bailando y cantando”, señaló ella, pues reconoce que si tuviera una nueva vida escogería ser cantante. Luego aparecieron las fotos familiares con sus seis hijos y 12 nietos. Fue entonces cuando recordaron que uno de ellos cuando era pequeño llegó emocionado a donde su mamá para decirle: “Mamá, a que no te imaginas…el abuelo Rober es el Chapulín colorado”. Ese personaje, sátira de los superhéroes, que con sus torpezas y dichos, no importa cuán repetidos fueran, ha hecho morir de la risa en distintas partes del mundo, fue rechazado por varios actores. “Ningún comediante quiso hacer del Chapulín, les parecía absurdo”, contó Roberto. “Y desde el primer episodio que tuvo menos de 10 minutos me salieron frases como ‘No contaban con mi astucia’”. También sus populares refranes mezclados, un talento que conserva intacto. “¿Te cuento uno fuertecito?”, me preguntó, y yo muerta de ganas cómo iba a decirle que no. “La suerte de la fea y échate a dormir…no, no, así no es. Cría fama y la bonita la desea…no, así tampoco. Échate a la bonita, y pues a la fea nadie la desea…bueno, la idea es esa”. Le salen sin querer queriendo y mientras todo el mundo se ríe, él permanece serio, como si no hubiera dicho nada. Sin querer queriendo también escribió su libro: “Todas las autobiografías están llenas de escándalos. Yo en cambio no he matado a nadie, no he robado, he sido heterosexual porque me fascinan las mujeres, pero respeto a quienes no lo son. Por eso pensé que mi vida no sería interesante”. Qué equivocado estaba. ¿Cómo no va a ser interesante la historia de un hombre que reúne a miles de personas para que les firme su libro? ¿Cómo no va a serlo si logra que muchos se vistan con el atuendo desharrapado del Chavo para demostrarle su admiración? Estoy casi segura de que muchos de los que tuvieron la oportunidad de tenerlo cerca le dijeron lo mismo que yo: “Gracias”. SEMANA.COM
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