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DEL ESCRITORIO DE MARY TORRES
¿Qué es mejor: vivir inconsciente, padeciendo, sin chances de mejoría una vida que no es tal o alcanzar una muerte digna?
Mary Torres
En el presente articulo quisiera abordar un tema tan complicado e interesante como es “la eutanasia”, sobre el cual ríos de tinta se han volcado sin llegar, no obstante, a posturas coincidentes al respecto.
Eutanasia es un término, que si bien en nuestra sociedad tiene una carga emotiva de tipo negativo, paradójicamente, deriva de las voces griegas eu (buena) y thanatos (muerte). Es decir, hace alusión a un bien morir, lo cual, desde mi punto de vista, se entiende como una muerte digna sin sufrimientos innecesarios y en las mejores condiciones que cada caso permita. La eutanasia voluntaria es aquella en la que el paciente acepta que se le suspendan los tratamientos terapéuticos que le prolongan la vida y/o solicita que se le suministren medicamentos que le produzcan la muerte. Este tipo de eutanasia se caracteriza porque el paciente presta su consentimiento para la acción (suministrar fármacos) o la omisión (suspensión de tratamientos o desconexión de aparatos), cuyo resultado esperado es el fin de su vida. Por otra parte, la eutanasia involuntaria es aquella en la cual el paciente no presta su consentimiento para la muerte. En ella el fin de la vida se produce ya sea sin el consentimiento del paciente o bien contra su voluntad. En estos casos se habla de dar una "muerte piadosa". Ambas clases de eutanasia pueden a su vez sub-clasificarse en activa, positiva o directa y pasiva, inactiva o indirecta. La eutanasia activa es aquella en la que existe una acción positiva tendiente a producir la muerte, como por ejemplo proporcionar una sobredosis de píldoras conciliadoras del sueño o suministrar una inyección de cloruro de potasio. La eutanasia pasiva inactiva o indirecta es la producida por la omisión de los tratamientos o medicamentos o terapias o alimentos que prolongan el proceso de morir De entre los numerosos casos que constituyen el abanico de posibilidades fácticas en las que se puede dar la eutanasia, particularmente, el caso que me interesa tratar es el relativo a aquel paciente que se encuentra en estado vegetativo y es mantenido con vida únicamente merced a la asistencia que le brindan ciertas maniobras tales como la ventilación mecánica, técnicas de circulación asistida, oxigenación extracorpórea, etc. Se ha definido al estado vegetativo persistente como aquella situación caracterizada por la pérdida de crónica e irreversible de todas las funciones cognitivas. Se incluye en esta categoría cualquier grado de coma que no reúne todos los criterios de muerte cerebral, sin interacción con el medio (aún cuando pueda parecer despierto), sin evidencia clínica de actividad cortical, pudiendo haber respuestas reflejas, apertura ocular espontánea y ciclos de sueño vigilia En estos casos no existen posibilidades terapéuticas, y solamente se mantiene al paciente con vida en forma artificial. Aquí, la persona no se encuentra en condiciones de tomar la decisión de interrumpir la aplicación de tales técnicas porque su estado de inconsciencia se lo impide. Para una mejor comprensión de la situación en análisis, me parece conveniente tratar el derecho de las personas de vivir y morir de la manera que les plazca, lo cual se relaciona estrechamente con el principio de autonomía personal. Así podemos decir, como lo estableció un Tribunal nuestro, hablo en USA,- in re T- (Refusal of Treatment), que “(…) El derecho del paciente a elegir existe ya sea que sus razones para hacer esa elección sean racionales, irracionales, desconocidas o incluso inexistentes”. Esto se sustenta en que no hay derecho más importante que el de cada individuo a estar en posesión y control de su propia persona, libre de toda restricción o interferencia de otros. La dignidad humana sin este derecho estaría desprovista de contenido. En definitiva, lo que se encuentra en juego es el derecho a la vida y a la calidad de vida que cada uno quiere para sí. Lo que ha de respetarse a ultranza es el derecho a la dignidad del ser humano. En los últimos años, los avances tecnológicos que invadieron nuestra sociedad trajeron, junto con ellos, grandes modificaciones en las vidas de las personas. Estos logros fueron muy importantes en el ámbito de la ciencia médica, a punto tal de que hoy en día podemos mantener con vida a una persona que, de otra manera, estaría muerta. Lo mencionado requiere una lectura actualizada dado que la aparición de los respiradores artificiales y las modernas técnicas de reanimación cardiocirculatoria y metabólica, por ejemplo, produjeron la creación de un nuevo nivel de estado de coma, el “coma depassé” o “coma sobrepasado”, en el cual el organismo humano, de hecho muerto ya, por la cesación total y definitiva del funcionamiento del sistema nervioso central, es artificialmente preservado de las consecuencias degenerativas de sus órganos, asegurándole la irrigación con sangre oxigenada, mantenida forzadamente en circulación. En este caso, la muerte cerebral no ocurre naturalmente, sino que la crean los médicos a partir de la tecnología terapéutica. Por ello, muchos pacientes en coma que hubieran muerto rápidamente en otros tiempos, pueden mantener ahora sus funciones cardiopulmonares por varias horas, días o semanas, permaneciendo en un coma agónico irrecuperable Pero no se trata sólo del caso de los pacientes que se encuentran en estado de coma. En una similar situación se hallan aquéllos que quedan en el denominado “estado vegetativo persistente” (E.V.P.), en los cuales las posibilidades de recuperar la independencia después de estar vegetativo por tres meses, son muy escasas En este caso, el paciente tiene reflejos, respira por sí mismo, pero no hay evidencia de una mente que funcione Este tipo de paciente es mantenido con vida únicamente por la alimentación a través de una sonda o alimentación parenteral. Se trata del caso de la llamada “muerte neocortical”. Tal fue lo sucedido, entre otros, en el caso de Nancy Cruzan o Karen Anne Quinlan. Actualmente, miles de personas son mantenidas con vida en Estados Unidos en estado vegetativo persistente. Esta situación implica una gran inversión de dinero en orden a mantener viva a tal persona. Algunos tiene seguros médicos, otro no lo tienen. Pero aun teniendo seguro medico, estos tiene un limite. Podemos decir, que esto implica ocupar una cama en una institución, los gastos que conlleva aplicar y mantener la sonda nasal, el suero que se aplica como sustituto de la alimentación e hidratación, los gastos de enfermería (ya sea por la remuneración de las enfermeras en sí, como por los elementos de enfermería necesarios) y los doctores y demás profesionales que diariamente controlan y asisten al paciente. ¿Se justifican todos estos gastos en una persona cuyas posibilidades de vida independiente son nulas; cuando todo tratamiento es inútil, ya que nunca se alcanzará el objetivo de sanarlo? Adviértase que en estos casos, la vida del enfermo está desprovista de toda dignidad posible y se circunscribe a días, meses e incluso años, ligados a artefactos que le posibilitan la supervivencia. Pero, ¿a qué costo? Creo que muchas veces se torna excesivo el sacrificio al que se somete a estas personas para mantener encendida una vida que “ya se apagó”, quizás por ensañamiento médico, egoísmo de la propia familia más cercana o esperanzas infundadas. Me pregunto: ¿Qué es mejor: vivir inconsciente, padeciendo, sin chances de mejoría una vida que no es tal o alcanzar una muerte digna, libre de dolores y padecimientos. Creo que mantener una persona viva artificialmente, lesiona más que beneficia, los intereses del propio paciente.
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