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A TI TE HABLO MUJER


Es posible la esperanza

 

 

   Por nuestra corresponsal Dora Forletti de Argentina

      Agosto 9, 2006                                                  
      

    No vivimos momentos felices ni fáciles. La vida es dura y a cada momento nos golpea con noticias de horror y muerte, la lucha de cada día se ha hecho casi implacable con nuestros sentimientos, con los sueños que albergamos,
con los deseos de paz  y  tranquilidad que alimenta los corazones buenos.
   Hay desconsuelo, desencanto; hay miedos y dudas; una incertidumbre que nos acosa constantemente, problemas de todo tenor rodean nuestras vidas.

   ¿Qué podemos hacer? Nos preguntamos a cada momento, en cada noticia que congela la sonrisa y el brillo de la alegría en nuestros ojos cansados…
Algunos piensan que nada, otros angustiados y con cierto grado de desesperación apelan a deseos de agresión y hasta de muerte.
    Nosotros, mujeres de hoy, que creemos conocer al ser humano, a la gente común y buena: la gran mayoría, sentimos que las palabras no alcanzan ya…que no sirven ya…y sin embargo nos empeñamos en tener alta la esperanza con esa fé inquebrantable que nos caracteriza y con palabras que parten del corazón tratamos de hacer renacer en los demás esa pequeña luz que aún nos ilumina, sentimos que nuestras frases pueden todavía ser útiles, salvar a alguien, que nuestras caricias desde el alma pueden luchar con fe y con fuerza para lograr un mínimo de superación y de futuro.

   Defendemos los derechos con coraje, sin odios estériles, sin agresividad, creyendo en que todo puede cambiar gritamos a los cuatro vientos nuestra verdad de amor, de
paz, inculcamos en nuestros hijos esos valores que nunca debieron haberse dejado desperdigados por el camino.
   Y construimos…construimos como si fuéramos a vivir mil años. Ya no será para nosotros el mundo bello que tanto soñamos, pero si para el deleite de nuestros hijos y nietos, de las generaciones venideras…

   Sin caer, sin flaquear, sin rompernos, luchemos con fervor y dignidad para salvar desde nuestro pequeño lugar: el hogar, la tierra, la patria sólo con las armas del amor y la bondad, la ternura y la compasión, la mano siempre tendida para quien nos necesite, siempre dispuestas a esa palabras buena que hará que alguien vuelva a marchar por los senderos escabrosos de esta vida, siempre tomadas de la mano de Dios que nos sostendrá para cumplir esta noble 
misión que quizás en el contexto de la vida nadie descubra pero ahí está firme y constante para ayudar, calmar, curar, dar fe, repartir esperanzas.

   Que esta vida sea así menos cruel, más valiosa, porque unidas en el amor podremos lograr cada día pequeños triunfos que contribuirán a lograr seres más felices….
Creo que todavía es posible…

 

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