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A TI TE HABLO MUJER
Octubre 13 , 2007
NUESTROS MOMENTOS DIFÍCILES

Por nuestra corresponsal Dora Forletti de Argentina
En la vida de todos los seres humanos existen momentos difíciles, etapas que atravesar que acarrean angustias y temores. En la mujer quizás puedan ser más profundas, por las condiciones propias de su sexo, más sensitivo, más vulnerable…Etapas de las que quiero hablarles, amigas, que son comunes a todas, independientemente de cómo cada una las sobrelleva, teniendo en cuenta su personalidad, sensibilidad y fortaleza.
Descartando otras vicisitudes, distintas en cada ser, por las que suelen atravesar todos los individuos a medida que avanzan en su crecimiento y teniendo en cuenta su entorno, que muchas veces no es el más adecuado, generalmente la niñez es una etapa donde no se observan momentos difíciles, siempre que los padres cumplan con su verdadera misión. El niño, apoyado, amado y contenido, seguro vivirá los días más felices de su vida.
La primera etapa difícil con la que nos enfrentamos todas: la ADOLESCENCIA, época de cambios profundos, físicos y emocionales que conllevan angustias, decepciones, incomodidades frente a una gama de elementos desconocidos que nos hacen sentir distintas, que están fuera de nuestro control. La adolescencia es el momento de nuestras vidas en la que comenzamos a aprender sobre el mundo que nos rodea y a encontrar nuestro lugar en él. Este aprendizaje implica el intento de nuevas experiencias que a veces pueden resultar peligrosas. Excitación, llantos, deseos de no vivir, sentimientos de tristeza frente a nuestro cambio físico, al que no nos adaptamos fácilmente, bulimia, anorexia…entre otras cosas, se presentan en nuestro camino cuando intentamos cruzar esa barrera hacia la juventud y la adultez. La guía y el amor de los padres y profesores, si fuera necesario una consulta sicológica, hacen que esta etapa sea menos conflictiva, mejor aceptada y superada con éxito.
Otro de los momentos críticos que inevitablemente debemos atravesar es el CLIMATERIO. Etapa donde los cambios de energía y humor son más que evidentes, así como los cambios físicos que generalmente se producen. Es el momento en el que cesa la actividad reproductiva; depresión, ansiedad, angustia y stress son frecuentes. Si bien se sabe que puede luego arribar a una etapa saludable y tranquila, la mujer se siente como si estuviera en otro cuerpo, que no es la misma de siempre, eso le produce ciertos miedos y su estado de ánimo hace que sienta que le espera una vida incierta. De verdad nos atemorizamos en muchas ocasiones y luego aceptando una nueva realidad, desechamos muchos enigmas que nos provocaban sufrimiento.
Casi al mismo tiempo, poco antes o poco después, nos suele acechar el fantasma de la muerte que por primera vez entra en nuestras vidas, “los padres”…. aunque siempre pensamos que por ley de la vida se van a ir primero, nunca sabemos lo que se siente cuando sucede (aún a pesar de ser muy mayores) es como si nos arrancaran las raíces. Muchas veces se van muy cerca, en tiempo, uno del otro y nos quedamos vacíos. Comprendemos que fueron el amor más incondicional y más puro que Dios puso sobre la tierra. El dolor de esa pérdida tan importante, menguado con el tiempo, lo llevaremos siempre en nuestro corazón.
También coincide muchas veces con el momento en el que los hijos vuelan. Quizás nos sentimos felices porque se están realizando como hombres y mujeres de bien. Pero…¿cuánto dolor de madre, abrir los brazos e instarlos a volar? Nosotras que los sentimos allí tibiecito desde el primer momento, que recibimos sus primeras muestras de inquietud con sus famosas pataditas en la mitad de la noche, que luchamos denodadamente en el momento del nacimiento, que lo vimos tan lindo y tan nuestro, recordamos los gratos momentos de su niñez, sus juegos, los cumpleaños, el paso por aulas, las salidas, el primer baile…El alma se estruja y dándonos vuelta encontramos el nido vacío, tan quieto y silencioso sin su bullicio y la alegría contagiosa de su juventud.
En un lapso de tiempo, que se nos antoja muy corto, nos suceden estas tres cosas, entrelazadas y dispares como la vida misma. Y comenzamos a transitar un camino nuevo que sentimos diferente, habiéndonos quedado huérfanos de padres y de hijos…
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No desesperes mujer, tus padres y los míos si ya partieron seguro vivirán una vida gloriosa junto al SEÑOR de los CIELOS. Tus hijos y los míos serán felices haciendo lo que desean, viviendo la vida a su manera, cumpliendo su destino y su misión, donde quizás no tenemos cabida…
Nosotras, de la mano de nuestro compañero de viaje, tomaremos nuestra cruz y seguiremos adelante cuesta arriba en nuestra senda, hasta que Dios lo diga…
¡¡Ahhhh! y no olvidemos a los nietos que acariciarán nuestras cicatrices,
volviéndolas casi indelebles, nos darán sus manitas pequeñas y recorreremos los días dulces, apacibles, serenos, llenos de sol y de paz.
Será un placer ser dos veces madre “ Hijo de mi hijo, dos veces hijo”.
Un abrazo enorme, amigas lectoras.
113Radio
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