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A TI TE HABLO MUJER
Agosto 25 , 2007
El FINAL DEL AMOR

Por nuestra corresponsal Dora Forletti de Argentina
Como todos los días después del trabajo, la vida estrujaba sus horas dentro de tu corazón para llegar a ese lugar cálido del encuentro. Tomaste el colectivo con premura y ansiedad, sonriendo a la gente porque querías, como siempre, compartir tu alegría, tus ganas de vivir, ese latido acelerado que te incitaba a derrochar amabilidad…
Al bajar frente a la plaza pudiste percibir la melodía de los pájaros que seguro se te antojaba bellísima, los árboles parecían soñar acariciados por el viento de la furtiva primavera que ya se insinuaba en pequeños brotecitos y en sutiles aromas, aún a pesar de los días fríos. El sol ya escondiéndose creaba un paisaje rojizo que teñía de ese color todas las cosas, hasta tus sueños…
Por el camino de grava casi corriste a su encuentro, el abrazo fue tierno, lleno de amor.
Luego, el recorrido por el senderito rojo tomados de la mano hasta el pequeño café con la coqueta mesita cerca de la gran ventana donde la gente pasaba distraída, apurada, animosa o triste, charlando casi alocadamente o disfrutando en silencio de ese atardecer lleno de bullicio; ajena a esos dos seres que ocultos tras el cristal, con las manos tomadas daban rienda suelta a esa felicidad que brotaba por cada poro de la piel.
Pero éste no era un día igual a todos, tampoco lo era ese encuentro en la placita que te pasó desapercibido ante la emoción de verlo… Frente a frente con dos tazas de café humeante y delicioso descubriste, de pronto, un brillo en sus ojos que te estremeció, como si lágrimas rebeldes quisieran brotar y su dueño lo impidiera casi a medias. En ese primer momento callaste porque un miedo casi irracional te invadió ¿Acaso intuiste que podrías perderlo? La conversación se hizo trivial, giró sobre cosas insustanciales, frías, evadiendo las vacilaciones que desde las profundidades del alma surgían en ambos.
Cuando ya la angustia te dominaba hiciste esas preguntas que derrumbaron todas tus ilusiones y llenaron de tristeza tu corazón. Había alguien que se interponía entre los dos y en él una gran confusión de sentimientos, necesitaba tiempo para ordenarlos, para dilucidar sus emociones…
Con tu llanto a flor de piel y sus ojos vidriosos, permanecieron mirándose, sin atreverse a decir nada. Tenías tantas preguntas para hacerle, tenía él una desazón tan grande que no cabía en su pecho…De pronto eran como dos extraños…Encendió quizás ese cigarrillo como para ocupar sus manos en algo, y los espirales de humo que imaginabas laberintos sin salida.
¡TIEMPO! ¡Necesitaba tiempo!…y qué horrenda te parecía esa palabra. Días, meses…
sin verlo, sin escuchar su voz, sin detenerse en esos ojos que te habían mirado con amor, sin su sonrisa y sus mágicas palabras que te trasladaban a un cielo de estrellas infinitas y bellas…
Finalmente, en silencio, se levantaron los dos, casi al mismo tiempo y la despedida fue corta, rápida, dolorosa…sólo un abrazo como un “hasta luego” o tal vez como un “hasta nunca” y cada uno tomó rumbos distintos…
Es la vida, amiga…muchas veces nos da sorpresas desagradables, corta nuestras alas. También a ellos, seres que seguro son más fuertes, pero a quiénes el amor los hace débiles, como tú te sientes hoy, con ese sufrimiento que llevarás a cuestas, quizás sólo un tiempo, toda la vida o tal vez la flamante juventud que tienes no te deja comprender que hay amores que pasan y llega luego el olvido, así es como llegarás al definitivo, el que durará más allá del tiempo, hasta la eternidad.
Hay amores que serán sólo un hermoso recuerdo cuando los años pasen.
Espera, amiga, se desgranarán lentos los días y si regresa, puede llegar a ser el AMOR verdadero. Si no lo hace, piensa que después del invierno llega con todo su fulgor la primavera que llenará tu corazón de gozo y de esperanzas nuevas.
113Radio
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