March 1, 2009

 

 

 

El año en que las FARC perdieron la guerra

 

 

 

Hace un año, el presidente Rafael Correa, tras acusar amargamente al gobierno de Alvaro Uribe de violar la soberanía nacional, decidió romper relaciones con Colombia. Era su airada respuesta tras el ataque militar de ese país contra la base clandestina de Angostura operadas por las narcoguerrillas comunistas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), dentro de territorio ecuatoriano, situada a unos escasos 1,800 metros de la frontera que separa a ambos países.

Uribe probablemente previó que Correa protestaría con gran energía, pero el objetivo de liquidar a Raúl Reyes, el segundo hombre de las FARC (o el primero, porque ya se sabía que Tirofijo estaba muy enfermo), era mucho más importante que la reacción del incómodo vecino, tan poco solidario con los esfuerzos bélicos de su gobierno.

Al fin y al cabo, desde el 2004 los colombianos habían elevado inútilmente dieciséis informes a la Comisión Binacional Para Asuntos Fronterizos, más otros seis a la cancillería ecuatoriana, denunciando la presencia de narcoguerrilleros comunistas de las FARC que actuaban desde Ecuador, sin poder frenar los continuos ataques de que eran víctimas.

Resultaba, pues, más sensato pedir perdón que pedir permiso, especialmente tras la experiencia de la incursión de las FARC contra la base militar colombiana de Teteyé, en el verano del 2005, saldada con decenas de soldados muertos y heridos, agresión efectuada por narcoguerrilleros provenientes de Ecuador bajo las órdenes de Raúl Reyes, extremo que el gobierno del entonces presidente ecuatoriano Alfredo Palacios negó enfáticamente contra toda evidencia.

Como escribiera recientemente D. Blasco Peñaherrera, ex vicepresidente de Ecuador, periodista y diplomático con gran prestigio internacional, a quien nadie podría acusar de ser antiecuatoriano: "Así las cosas [la multiplicidad de informaciones e indicios y la variedad de las fuentes que mostraban los vínculos entre miembros del gobierno de Correa y las narcoguerrillas], parece realmente imposible que se deje de relacionar a los funcionarios del gobierno nacional con las FARC. E inclusive, no faltará quien piense que el señor Presidente Uribe Vélez hizo bien en autorizar el bombardeo sin previo aviso y asumir el riego del estallido de soberanía que incendió Carondelet''.

En realidad, ese es el verdadero origen de las malas relaciones de Colombia con sus vecinos Ecuador y Venezuela: los vínculos ideológicos, políticos y los oscuros intereses económicos de esos gobiernos (o de muchos de sus funcionarios y militares) con las narcoguerrillas, como demostraron las computadoras de Reyes y hoy vuelve a comprobarse con las revelaciones de José Ignacio Chauvin, ex subsecretario del Interior del gobierno de Correa.

Mucho antes de que las fuerzas armadas colombianas atacaran el campamento de las FARC, los presidentes Correa y Hugo Chávez, incluso, habían lanzado la idea de concederles a las FARC la condición de "fuerza beligerante'', lo que hubiera legitimado la existencia y las acciones de estas bandas de asesinos, secuestradores y traficantes de drogas, colocándolas al mismo nivel legal del Estado colombiano.

Afortunadamente, la prudencia del gobierno brasilero hizo abortar esta peligrosa maniobra diplomática. Los gobiernos de Ecuador y Venezuela no sólo no están dispuestos a ayudar a Colombia en la lucha contra las narcoguerrillas (objetivo que supuestamente deberían respaldar a tenor de los tratados y acuerdos diplomáticos firmados por todos los países de la región), sino, en el mejor de los casos, les resulta absolutamente indiferente la suerte de los colombianos, y, en el peor, quisieran ver derrotado al gobierno de Uribe por las tropas de las FARC y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), y les irrita sobremanera que Estados Unidos le dé ayuda militar a Bogotá mediante el Plan Colombia, o la utilización del herbicida glifosato para tratar de erradicar los cultivos de coca, principal fuente de ingreso de estos verdaderos ejércitos subversivos.

 

Muerte de Raúl Reyes marcó declive de las FARC

Muerte de Raúl Reyes marcó declive de las FARC

La Operación Fénix, por la que el Ejército colombiano mató hace un año en Ecuador al número dos y portavoz internacional de las FARC, "Raúl Reyes'', significó "el punto de quiebre'' en el declive de la guerrilla más antigua de América.

Así lo manifestó el director de la Fundación de Seguridad y Democracia, Alfredo Rangel, para quien "en este último año las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) han profundizado en la crisis y el debilitamiento'', por lo que "los problemas de control y coordinación se han hecho más graves''.

El próximo 1ro. de marzo se cumple un año del ataque del Ejército colombiano a un campamento de las FARC en Ecuador, en el que murió, además de Luis Edgar Devia, alias "Raúl Reyes'', otras 23 personas.

Aquella operación llevó al gobierno de Ecuador a romper las relaciones diplomáticas con Colombia, pero también se convirtió en el preludio del desgaste de la organización guerrillera.

El 26 de marzo de 2008 falleció de un infarto el máximo líder y fundador de las FARC, Pedro Antonio Marín, alias "Manuel Marulanda Vélez'' o "Tirofijo'', al tiempo que moría Manuel Muñoz Ortiz, alias "Iván Ríos'', también miembro de la cúpula, a manos de su propio guardia de seguridad.

Días después, acosada por un cerco militar, se entregó Elda Nellys Avila Moreno, alias ‘‘Karina'', una conocida guerrillera colombiana, dando paso a más deserciones.

A ello se sumó el 2 de julio la Operación Jaque, una impecable misión encubierta del Ejército por la que se liberó a 15 rehenes considerados canjeables por guerrilleros presos, entre ellos la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt y tres estadounidenses.

Las FARC "en el 2008 redujeron en un 20 por ciento sus ataques respecto al 2007 y en un 54 por ciento los retenes, lo que demuestra una caída en picado de su capacidad'', agregó Rangel, quien asegura que la guerrilla tendría actualmente unos 8,000 combatientes frente a los 18,000 de hace seis años.

El director de la Fundación de Seguridad y Democracia consideró que "esas derrotas han inducido a deserciones, incluso liberando secuestrados''.

Ese fue el caso del guerrillero Wilson Bueno Largo, alias "Isaza'', quien el 27 de octubre se fugó junto al ex senador Oscar Tulio Lizcano, cautivo desde hacía ocho años.

Eso significa "una gran desmoralización de las bases'', según Rangel.

Pero el experto en Relaciones Internacionales y profesor de la Universidad del Rosario de Bogotá, Vicente Torrijos, considera que si bien las FARC han perdido capacidad militar "se han robustecido a nivel internacional'' y desde el punto de vista de la política interna "se han movido bien''.

En una entrevista con EFE, Torrijos dijo que el apoyo de los gobiernos vecinos es "menos notorio, más discreto, pero al tiempo más efectivo'', en alusión a Ecuador y Venezuela.

"Hay un proyecto continental liderado por (el presidente venezolano) Hugo Chávez que en el caso de Colombia tiene a las FARC como principal promotor en base de la ilusión a la reconciliación y la paz'', dijo el analista.

Torrijos cree que "las FARC se han presentado al mundo como una agrupación interesada en desempantanar la política colombiana de cara a las elecciones del año próximo, como actores con los que se puede negociar la paz en Colombia''.

En el plano militar, el experto coincide en que "las FARC han resultado absolutamente golpeadas, reducidas y sin margen de maniobra''.

"El Estado ha podido descomponer su estructura mediante informantes, recompensas y estímulos que las FARC no han podido asimilar'', agregó.

En todo caso, este último año "fue favorable para las FARC porque sigue siendo una organización muy hábil a nivel internacional, muy recursiva a nivel político y adaptiva en materia militar''.

Torrijos aseguró que las recientes liberaciones de seis rehenes, este mes de febrero, "son una combinación de esa recursividad política''.

"Ha sido el año de superación de las más duras pruebas; a pesar de todos los golpes, las FARC gozan de algo de capacidad, son como el ave fénix que resurge de sus cenizas'', concluyó.

Lo evidente es que este último año ya está en los anales de la historia de esta guerrilla colombiana por haber sufrido los mayores golpes desde su fundación, en mayo de 1964.

 

 

FARC dice que muerte de "Raúl Reyes'' destruyó posibilidad de paz en Colombia

La guerrilla de FARC aseguró hoy que la muerte del jefe rebelde "Raúl Reyes'', abatido hace casi un año en un bombardeo a un campamento en Ecuador, "fue una puñalada trapera a la posibilidad real de conquistar la paz en Colombia''.

''Lo que hasta ese momento se había forjado fue destruido de un solo tajo'', afirmó el Secretariado del Estado Mayor Central del grupo insurgente en un comunicado con motivo del primer aniversario del fallecimiento de "Reyes'', que se cumplirá el próximo domingo.

El segundo al mando y portavoz internacional de las FARC murió el 1 de marzo de 2008 en un ataque aéreo a un campamento instalado en las selvas de la frontera norte de Ecuador con Colombia.

Otras 25 personas, entre rebeldes y civiles, perdieron la vida en esta operación colombiana, que llevó al Gobierno del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, a romper relaciones con Bogotá, que siguen sin restablecerse.

Además, las autoridades colombianas hallaron y decomisaron en la base varios computadores portátiles y memorias informáticas que, según ellas, hicieron evidente las relaciones de los rebeldes con distintas personas y sectores del país y del exterior.

La muerte de "Reyes'' fue "un golpe sensible para nuestra organización'', admitió el mando central de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que divulgó el mensaje en el sitio de esa guerrilla en internet.

''Pero mucho más, fue una puñalada trapera a la posibilidad real de conquistar la paz en Colombia'', continuaron los insurgentes, que aseguraron que la llamada "Operación Fénix (la del bombardeo) fue lanzada en conjunto por el Ejército de este país andino y Estados Unidos y violó "en forma descarada'' la soberanía ecuatoriana.

 


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